Región Cuatro
Un blog para Latinoamérica y el Caribe

Al viajar para escapar de la rutina siempre hay que recordar que lo estamos haciendo por placer. Porque es muy fácil que entre los apuros, el conducir, los horarios, y las reservaciones, el trámite del placer se parezca mucho a las obligaciones del día a día. Es por eso que a veces la cosa cansa y el estrés es peor que en un día de los que estamos intentando escapar.

Hoy viajamos a varias cosas, pero la más importante es un concierto. E intento recordarme que fuera del concierto, todo lo demás es sugerido. No es necesario cumplir con ningún otro plan que no sea estar, a las 8pm, en la puerta del Arizona Financial Theatre. Lo demás es movible, son sugerencias.

Convertir el estrés por los planes que tuvieron que cambiar en el disfrute de la libertad que permitió cambiar esos planes es lo que hace que el cansancio post-viaje se viva con una sonrisa y no como un lamento.

Y como la extrapolación es uno de mis deportes favoritos, les cuento que he estado lamentando por tres días el haber roto la racha de escribir 500 palabras diarias sin ver el contexto de ese rompimiento. Enfocándome en el árbol caído de la página vacía sin ver el bosque que ha sido caminar por la cima de Mount Lemmon, meterme a la alberca de mi hotel favorito en Tucson con una cerveza brutal en la mano, comerme esa "chickichanga" que estaba tan deliciosa como mal nombrada (los gringos intentan ser mexicanos y lo logran solo en los ojos azules de otros gringos).

Dejar de llorar por romper reglas arbitrarias y autoimpuestas, y disfrutar del presente. Tomar la siesta, detenerse por ese café, parar por una cerveza. Llegar tarde a donde ya no sabemos si queremos ir. No terminar estas quinientas palabras. Esas son las vacaciones.

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